lunes, 30 de octubre de 2017

SEMANA 37 LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS



LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS
El Movimiento Comunero de 1781, constituye uno de los levantamientos anticoloniales de mayor trascendencia, ocurridos a lo largo del S.XVIII en el Nuevo Reino de Granada. Sus acciones reivindicativas colocaron en entredicho la vigencia de la autoridad española, y abrieron un nuevo capítulo en las luchas de nuestro pueblo, que continuaría la gesta libertadora emprendida por Simón Bolívar y que hoy sigue vigente.
El origen de esta insurrección hunde sus raíces en la crisis que vivió el sistema de dominación colonial en la segunda mitad del S.XVIII y que la Corona española intentó superar mediante la aplicación de las llamadas "reformas borbónicas", orientadas a fortalecer su poder político y a extraer mayor excedente económico, aumentando las rentas fiscales. Sin embargo, estas medidas lejos de paliar la crisis agudizaron las tensiones sociales y estimularon el estallido de revueltas que hicieron estremecer el edificio colonial.
La insurrección comunera comprometió a diversos sectores sociales, afectados por las políticas borbónicas:
Los terratenientes y pequeños propietarios, vieron disminuidas sus posibilidades de expansión y progreso con el incremento de los impuestos como el de la Armada de Barlovento , la alcabala , los estancos del tabaco y el aguardiente , y otros mecanismos de extracción tributaria. De allí que muchos de ellos se sumaron como capitanes al movimiento, para expresar su indignación por la política fiscal.
Por otra parte, los jornaleros, artesanos, campesinos y otros trabajadores aunaron a su condición de desigualdad económica, social, política y cultural, las nuevas cargas impositivas de la Corona. Esta gran masa de desposeídos eran víctimas de la explotación de los señores de la tierra, quienes acaparaban los espacios productivos antiguos y nuevos, surgidos del proceso de despojo de los resguardos indígenas e incorporados a la producción de acuerdo con las nuevas orientaciones borbónicas.
Es sobre este conflictivo trasfondo socio-económico que hace erupción el movimiento de los comuneros.
UNA MUJER INCITA A LA REBELIÓN
El l6 de marzo de l78l, en la Villa del Socorro, el común encabezado por Manuela Beltrán, en un gesto de altiva rebeldía rompió el edicto que anunciaba el aumento del impuesto de la Armada de Barlovento. Esta acción insurreccional se propagó en casi todo el territorio neogranadino ocupando extensas zonas rurales desde Mérida (Venezuela) hasta Pasto (Colombia), y esparciendo una estela de rebeldía en todo la geografía nacional: destrucción de los símbolos de la realeza colonial, desconocimiento de las autoridades españolas, rechazo a las opresivas instituciones fiscales, liberación de esclavos y recuperación de las tierras de resguardos (Antonio García, Los Comuneros l78l l98l, Plaza Janes, l986, p.39)
Los comuneros organizaron un ejército armado con un mando central unificado y un Supremo Consejo de Guerra dispuesto a desmantelar el aparato de dominación colonial. La autoridad del monarca español fue sustituida, en forma simbólica, por el establecimiento de una monarquía Chibcha encarnada en el cacique Ambrosio Pisco -que contó con el reconocimiento de todos los oprimidos-, mientras que el inca Tupac Amarú fue proclamado rey de América (García, p.77), afirmando así la soberanía del pueblo.
LAS CAPITULACIONES
El avance del movimiento insurreccional hacia la capital se vio interrumpido por el hábil manejo político del representante del gobierno colonial virrey-arzobispo Caballero y Góngora quien concertó con Francisco Berbeo -líder del ala entreguista de los rebeldes- un acuerdo conocido como "Las capitulaciones', las cuales fueron firmadas en junio de 1781, en Zipaquirá, una cercana población a Santafé de Bogotá.
Aunque algunos analistas consideran que las capitulaciones constituyeron "un primer estatuto político de la Nueva Granada, destinado a impulsar la liberación de las condiciones de dependencia colonial", en ningún momento abordaron lo relacionado con la libertad de los esclavos, la abolición de las nuevas formas de servidumbre indígena y la restitución de las tierras de los resguardos.
En lo que sí cumplió su objetivo las capitulaciones fue en la división del ejército comunero. A partir de este momento, quedó clara la existencia de dos horizontes de lucha: por un lado, la de los sectores acaudalados, que pese a mantener sus contradicciones con la corona española, no estaban dispuestos a perder su hegemonía política y económica y por otro lado las masas oprimidas que buscaban su redención social. Este último sentimiento fue interpretado por el líder mestizo José Antonio Galán.
"UNION DE LOS OPRIMIDOS CONTRA LOS OPRESORES"
José Antonio Galán que adelanta su campaña por el río Magdalena, no acepta las capitulaciones y, sin perder el apoyo popular, continúa promoviendo la insurrección de los esclavos, e incita a los indígenas a la rebelión, proyectando la organización de un gran movimiento con coherencia interna y unidad en sus propósitos.
No obstante, y pese a que una buena parte de los insurrectos expresan su disposición de lucha, el ejército comunero no logra reestructurarse. El daño infligido por la deserción de sus máximos capitanes -una vez satisfechos sus mezquinos intereses-así como las rápidas campañas militares desatadas en su contra, son elementos que obstaculizan la materialización de este propósito.
Ante esta perspectiva, Galán orienta su accionar hacia el cumplimiento de los acuerdos que han sido desconocidos por el Arzobispo Caballero y Góngora (Francisco Posada, El Movimiento Revolucionario de los Comuneros, Siglo XXI, l975, p.113), pero al mismo tiempo comprende el desinterés de las autoridades virreinales para llevar adelante lo acordado, y mantiene su proyecto de tomar a Santafé de Bogotá. Sus planes fracasan. Con la ayuda de antiguos capitanes del ejército comunero Galán es hecho prisionero y luego ejecutado, el 1 de febrero de 1782.
MANUELA BELTRÁN

Heroína colombiana, la primera mujer neogranadina que, ya en el siglo XVIII, se opuso a las medidas impositivas que el gobierno español de Carlos III, y en Santafé de Bogotá el virrey Manuel Antonio Flórez y Angulo, mediante cédulas reales, habían impuesto a los habitantes de las colonias. Estas medidas formaban parte de la denominada Instrucción general para el más exacto y arreglado manejo de las reales rentas de alcabala y Armada de Barlovento. La reacción contra estos impuestos produjo el movimiento social denominado insurrección de los comuneros, rebelión en relación con movimientos similares en Sudamérica, entre ellos el dirigido en el Perú por José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru). El 16 de marzo de 1781, en El Socorro, Manuela Beltrán arrancó el edicto que decretaba las nuevas tasas, dando así inicio al movimiento comunero neogranadino.

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